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jueves, 15 de noviembre de 2018

Qué hacer en Toledo


Visitar Toledo es caminar a través de la historia. Durante siglos, árabes, judíos y cristianos convivieron en la capital de Castilla-La Mancha, dejando como herencia numerosos monumentos procedentes de cada una de estas culturas en la parte amurallada de la ciudad. Es por esto que Toledo, que tiene el título de Patrimonio de la Humanidad, es conocida como la ciudad de las tres culturas. Además, fue la residencia del pintor El Greco, en cuya casa (que ahora se ha convertido en un museo) pueden contemplarse algunas de sus obras. El casco antiguo de la ciudad, ubicado en la zona amurallada, se puede recorrer andando. De esta manera se aprecia más detalladamente su configuración y cada uno de sus monumentos. El único inconveniente es que aparcar en Toledo puede resultar complicado, por lo que yo recomiendo ir en tren o en autobús.

Para adentrarse en la parte amurallada de la ciudad encontramos la Puerta de Bisagra y la Puerta del Sol, de estilo morisco y mudéjar respectivamente. A través de ellas se llega a la Plaza de Zocodover, donde antiguamente se localizaban los mercadillos. Desde esta plaza parten calles estrechas que llevan consigo la esencia histórica y misteriosa de Toledo. Una vez allí, es de obligada asistencia la Catedral de Santa María. Se trata de un edificio de corte gótico que se encuentra en la Plaza del Ayuntamiento y que tiene reconocido el título de Catedral Primada de España. Dentro de la catedral despunta la obra El Transparente, de Narciso Tomé, así como otras de Goya y El Greco, y frescos de Juan de Borgoña.


El Transparente de Narciso Tomé. Fuente: David Tébar

Uno de los lugares más emblemáticos de Toledo es su Alcázar, que fue construido en la época romana y alberga el Museo del Ejército. Se encuentra en la parte más alta de la ciudad y desde ahí se aprecian unas vistas espectaculares de la misma. Merece la pena ir a verlo, aunque muchas veces está abarrotado de gente. Para quienes van con niños, hay que tener en cuenta que, en total, tiene un recorrido de dos kilómetros andando, aunque si alguien se cansase, el resto de la parte histórica puede hacerse en un tren turístico.

La iglesia de Santo Tomé y el monasterio de San Juan de los Reyes son otros dos imprescindibles. La primera porque en su interior se encuentra la pintura El Entierro del Conde Orgaz de El Greco; y el segundo, sobre todo, por su arquitectura de estilo gótico. Se trata de una iglesia y un claustro construidos en el siglo XV y con adornos medievales que no dejan a nadie indiferente. Por su parte, la mezquita de Cristo de la Luz, construida en el año 999, es junto a la de Córdoba, la más antigua de las que guarda nuestro país. Todas estas calles que conforman el casco antiguo, albergan además innumerables leyendas que hacen de Toledo un lugar intrigante y enigmático. Algunas de ellas pueden leerse aquí.


Calle del casco antiguo de Toledo. Fuente: David Tébar

Ya fuera de la muralla, encontramos verdaderas obras arquitectónicas como el puente romano de Alcántara o las ruinas del circo romano. Parar en el mirador del río Tajo es una de las mejores elecciones. Lo ideal es hacerlo antes de comenzar la visita a Toledo o al terminarla, ya que se encuentra a las afueras de la ciudad. Desde ahí puede contemplarse una imagen panorámica de la ciudad que, tanto de día como de noche, resulta espectacular.


Vista panorámica de Toledo desde el mirador

Aunque haciendo un recorrido rápido puede visitarse Toledo en un día, es muy recomendable pasar allí al menos una noche. Además de poder hacer la ruta con más calma, de esta forma se puede parar a descansar o a tomar algo. Asimismo, no hay que olvidar que esta es una ciudad que ofrece muchas posibilidades y que merece la pena ver al atardecer y por la noche. Es recomendable hacer esta visita en fin de semana, además de por el ambiente, porque en algunos de los monumentos las entradas son gratuitas. Aun así, es recomendable revisar las tarifas antes de comenzar el viaje.

Para finalizar, los que no quieran perderse ningún detalle tienen la posibilidad de contratar una visita guiada. Además, en la misma Plaza del Ayuntamiento hay una oficina de turismo donde se pueden conseguir mapas y guías con horarios y localizaciones, de manera que el recorrido resulta mucho más sencillo.

martes, 13 de noviembre de 2018

Qué hacer en Cuenca


Cuenca es la ciudad ideal para pasar un fin de semana tranquilo de turismo. Su gastronomía, su naturaleza y su arraigada cultura ofrecen a todo el que la visita una experiencia envolvente que asegura el disfrute de mayores y pequeños. Se trata de una ciudad con historia que bien merecido tiene el título de Ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Uno de los puntos más fuertes de Cuenca es su casco antiguo. Las fachadas de colores, el Ayuntamiento y la Catedral de Santa María y San Julián, de corte gótico-barroco y de la época de Alfonso XIII, conforman el epicentro del turismo conquense. En el casco antiguo de la ciudad también se pueden visitar diferentes museos, así como la Torre Mangana o las ruinas del castillo. Se puede encontrar toda la información sobre los diferentes museos en la página de turismo del Ayuntamiento. En definitiva, este es un emplazamiento repleto de historia, arte y cultura de merecida visita, que además cuenta con varios bares y restaurantes donde parar a comer y descansar. Para los que viajan en coche, hay que tener en cuenta también que muchas de las calles del casco antiguo son peatonales. Una opción es aparcar en la parte baja de la ciudad y subir andando (15 minutos aproximadamente), y otra es dejar el coche en el parking que hay de camino al casco antiguo.

Catedral de Cuenca. Fuente: Sara Acero y Upe García
Por su parte, el puente San Pablo y las Casas Colgadas, cuyos balcones se asoman al acantilado que da a la hoz del Huécar, son un ejemplo de la arquitectura más tradicional de Cuenca y los lugares con más atractivo para los turistas. Las casas colgadas datan de finales del siglo XV y aunque en su tiempo fueron viviendas particulares, actualmente dan cabida al Museo Español de Arte Abstracto. Se trata de un lugar digno de visitar tanto de día, para apreciar el vértigo del puente y los balcones de los edificios, como de noche. La iluminación de este paraje lo convierte en un lugar tan bello como enigmático.

Casas Colgadas. Fuente: Sara Acero y Upe García
Asimismo, hacer turismo en Cuenca puede ser una gran experiencia también para los niños. Además de las numerosas rutas para adentrarse en la naturaleza de la sierra, en el Museo Paleontológico pueden realizarse visitas guiadas en las que se muestran los diferentes ejemplares de dinosaurios que un día ocuparon la zona, todo ello de manera entretenida y didáctica. Igualmente, el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha ofrece a los niños la posibilidad de interactuar en un entorno de aprendizaje sobre el pasado y el futuro de La Tierra, con talleres y exposiciones pensadas para ellos. Destaca aquí el planetario, en cuya cúpula se realizan proyecciones sobre diferentes fenómenos astronómicos.

Ya fuera de la ciudad, en el Parque Natural de la Serranía de Cuenca puede visitarse la Ciudad Encantada, declarada Sitio Natural de Interés Nacional. Se trata de un paraje en el que parte de las grandes rocas que lo conforman han sido disueltas por el agua hasta llegar a, utilizando la imaginación, poder distinguirse en ellas diferentes formas, como un perro o la cabeza de un señor. Se tarda aproximadamente una hora y media en hacer una visita completa, aunque no es apta para personas con movilidad reducida, sillas de ruedas o carritos de bebé. Esta es una manera más de pasar un rato agradable y rodeados de naturaleza en los alrededores de Cuenca.